Arquitectura paisajista en la nueva era climática

Arquitectura paisajista en la nueva era climática

La nueva era climática se lleva previniendo desde hace largas décadas. El término denominado antropoceno, se corresponde a una nueva etapa en la historia reciente donde el ser humano interviene en el funcionamiento de la naturaleza y los ciclos ecológicos.
Numerosas teorías apuntan a que la actividad humana está perjudicando gravemente la estabilidad ecológica del planeta.
Ciertamente, se han percibido profundos cambios en la composición de la atmósfera y, consecuentemente, ha habido modificaciones en el comportamiento y posición de los elementos orgánicos e inorgánicos que participan en los ciclos ecológicos de la Tierra. 

Un ejemplo muy evidente de nuestra huella ecológica es la transformación del paisaje. 

La transformación se inició con la expansión de las urbes y la modificación de las cuencas hidrográficas. Durante dichos cambios no se tuvieron en cuenta los factores que podrían influir para la aparición de problemas graves, que hoy en día suceden cada vez con más frecuencia: problemas de desestructuración del suelo, filtraciones de contaminantes a través del agua, erosión a causa de la tala de árboles, devastación herbácea y arbórea en grandes áreas metropolitanas, etc.

La incertidumbre pesa sobre nuestras cabezas, la arquitectura paisajista persigue ofrecer oportunidades y desarrollo de proyectos que constituyan claves de acción en la reparación y renovación de estos sistemas que hemos implementado desde la revolución industrial.

La tecnología ayuda a calcular riesgos y beneficios. El agro-urbanismo nos ofrece una visión del uso inteligente de las nuevas tecnologías con los mecanismos de innovación en la investigación agronómica, la función de la producción agrícola en unión con las ciudades.

Es urgente trabajar en el progreso del territorio urbanizado cara una fusión de los estratos en el paisaje, la permeabilización de las vías de comunicación, los sistemas de drenaje urbanos, la filtración del agua contaminada, el uso de energías renovables.

Además, gestionar el paisaje requiere un pensamiento sobre los territorios de manera circular, en relación con los recursos locales, en el reequilibrio con las metrópolis, las ciudades medianas y en relación con su modo de gestión y sus usos

High Line Park, Chelsea. NY. Fuente: flickr.com

La relación entre la vida urbana y la vida rural se debe estrechar, la creación de corredores naturales que además contribuyan a la formación medioambiental de la sociedad serán una forma de impacto positivo sobre la conciencia popular, además de crear grandes beneficios a favor de la salud general de las personas y los paisajes.

Como conclusión, para la implementación de todas estas medidas correctoras e innovadoras es preciso una estructura política en clave de participación ciudadana y de un movimiento social-ambiental. La dignificación y el reconocimiento de los trabajos de la arquitectura paisajista van de la mano de las actuaciones políticas y la planificación urbana y espacial.

El paisaje es como un reflejo de nuestros sueños, crea una imaginación ecopoética y mitifica el conjunto de las ecologías y los territorios.

Por tanto, como concebimos el paisaje contribuye directamente para la actuación sobre la nueva era climática a la que nos enfrentamos.